La excursión no empezó del todo bien. Primero un coche se quedó cerrado con la llave dentro. Nicolás intentó hacer de MacGyver, pero no consiguió forzar la cerradura, así que Javier tuvo que ir a por la llave de repuesto.
Luego todas las áreas de recreo por las que pasábamos en Portaceli tenían los paelleros clausurados. Resulta que había amenaza de incendio en toda la Comunidad y no se podía encender fuego al aire libre en ningún sitio.
Decidimos concentrarnos en Serra a reorganizar la estrategia. El carpaccio de cordero no nos apetecía mucho, así que pensamos en encargar una paella. Tarde. Eran las 13:40. Finalmente encontramos una casa de comidas para llevar y nos llevamos media de paella y media de fideuà.
Tras varios correteos por Serra optamos por volver a Portaceli a dar buena cuenta del yantar. A partir de aquí todo empezó a ir sobre ruedas. Resulta que entre unos y otros llevabamos comida para dar de comer a un regimiento de húsares, así que nos pusimos a la faena: ensaladas, queso manchego ("del mio" decía Nicolás), paté, chorizo, lomo, paella, fideuà, cerveza fría, un vino de quitar el hipo. Y para rematar, cerezas del Jerte, melón y tarta de chocolate regados con orujo, coñac y Baileys. Animado por la camaradería del momento, Nicolás cogió la cafetera que llevábamos cargada y se fue a Betera a ver si alguién se la ponía al fuego. No consiguió tanto, pero si que se la llenaran de cafe. Trajo hasta helados. Para reventar, vamos.
Luego unas partidas de cartas, algo de pelota y una sobremesa amenizada con anécdotas y risas. En definitiva, una buena experiencia que hay que repetir.
Así que a la próxima, a ver si os animáis los demás.